La avellana es un fruto seco muy apreciado en la gastronomía global gracias a su sabor suave, ligeramente dulce y su textura crujiente. Es un ingrediente sumamente versátil que se puede consumir crudo, tostado, entero, troceado, o molido, lo que le permite integrarse en una amplia variedad de preparaciones culinarias.
En la repostería y pastelería, la avellana brilla especialmente, aportando un aroma intenso y una textura inigualable a postres clásicos como tartas, bizcochos, bombones, turrones y la popular crema de cacao y avellanas. En el ámbito de la cocina salada, su uso se extiende más allá de los dulces, funcionando perfectamente como topping crujiente en ensaladas, donde combina bien con quesos suaves y frutas como la manzana o la pera.